Médicos de Mi Provincia. Dr. Camilo Cardozo.

07 de Enero de 201914:40
Dr. Camilo Cardozo (derecha). Recibe premio Médico Emérito del doctor Ignacio Ellif (izquierda).

El doctor Camilo Alberto Cardoso pertenece al Círculo Médico Roque Pérez. Distinguido por FEMEBA en 2018 con el premio “Médico Emérito”, el Concejo Deliberante de esa ciudad lo premió de manera reciente como “Vecino Destacado.

¿Qué recuerdos tiene de su Catamarca natal?

Me crie y viví allí hasta los 18 años, para luego trasladarme a Buenos Aires, donde estudié Medicina en la UBA. Me adapté rápidamente, pero sufrí el golpe de perder a mi padre el mismo año de mi traslado, fue duro y tuve que trabajar para costearme los estudios.

Aunque hace 3 años que no voy por allí,  me propuse ir en marzo de este año, para la festividad de la Virgen del Valle. Además visitaré a los amigos de la primaria y secundaria con los que salimos a comer y a recordar anécdotas, y a un primo que vive en la montaña, donde la temperatura baja alrededor de 7 grados con respecto a la ciudad. En su estancia disfrutamos de buenos momentos.

¿Cuándo llegó a Roque Pérez?

Me instalé en Roque Pérezen los últimos meses de 1967, poco tiempo después de casarme con Isabel. Tuvimos tres hijos (María Fernanda, Camilo Octavio y María Soledad) y ahora disfrutamos de 6 nietos.

En un principio, trabajé en el Hospital Municipal Dr. Ramón Carrillo, cuya frase siempre repito: “El mejor Hospital es el que tiene las camas vacías”. Entré como anestesista por concurso y al poco tiempo abrí mi consultorio.

Recuerdo entre mis compañeros de entonces a los doctores Gotuzzo, Tagliafico, Álvarez y Ceballos, entre otros. Por entonces el Hospital era mixto; había pacientes privados e indigentes, y era manejado por una comisión de damas estando al frente una monjita que cuidaba el mango y nos inculcó a seguir su ejemplo de no gastar, hasta lavaba las gasas para reutilizarlas. A los privados se les cobraba y con esos ingresos se mantenía el Hospital.
También trabajé durante 10 años en el Hospital de Saladillo, en el Hospital y en el Sanatorio de Lobos y ocasionalmente en Las Flores.

¿Sigue ejerciendo?

La carrera es lo mejor de mi vida, me gusta lo que hago y lo hago con cariño, y mientras pueda seguiré haciendo las 10 o 15 anestesias mensuales que suelo realizar. Anestesia General hago muy pocas, solo las de urgencia. A esta altura de mi vida es una satisfacción y un  agradecimiento a todos los que decidieron que la sala de internación de cirugía del Ramón Carrillo lleve  mi nombre.

¿El equipamiento es bueno?

Muy bueno. Poseemos una mesa de anestesia Drager, sala de recuperación y respiradores, todo de última generación.

¿Cómo es su vida social en Roque Pérez?

Fui uno de los fundadores del Country Club, donde practicaba tenis y padel. Presidí la Liga de Fútbol en 1982 y durante 20 años estuve a cargo la Biblioteca. Soy hincha de Alumni y tengo el honor que la cancha de papi fútbol lleve mi nombre. En el año 1984 fui médico del seleccionado de futbol de nuestra ciudad que salió campeón en la provincia de Buenos Aires.

Fui muy deportista. Gané invicto el torneo de tenis cuando Roque Pérez cumplió 100 años. No quiero pasar por alto mi amistad con Rubén Cousillas ex arquero de fútbol y ahora colaborador de Manuel Pellegrini en el West Ham United, de la Premier League de Inglaterra, que dos veces por año visita nuestra ciudad, y también con Ricardo Julio Villa, campeón del mundo en el Mundial de Fútbol de 1978, que vive aquí.

En lo profesional, fui también miembro y titular de la Caja de Previsión y Seguro Médico de la provincia de Buenos Aires y presidí el Tribunal de Honor de la Sociedad de Anestesia Bonaerense del Oeste y el Circulo Médico de Roque Pérez.

Hablemos de sus maestros…

Eso me gusta más. Debo mencionar al doctor Gustavo Marotte (Jefe de Anestesia de un Hospital en La Plata) que junto a la doctora Florio, su esposa, estaban muy bien formados y eran muy didácticos. Recuerdo que viajé durante dos años aprendiendo con ellos la parte práctica en un quirófano redondo con cinco camas, cada una con su mesa de anestesia. Y también el excelente Cirujano General de Roque Pérez doctor Fernando Lebob, que operaba generalmente los viernes y seguía el post operatorio hasta el domingo para volver a Buenos Aires a ejercer la tarea de Jefe de Obstetricia del Hospital Francés. Con él llegamos a operar hasta cáncer de colon.

En general, los anestesistas, mis colegas, están muy bien formados por Asociación Argentina de Anestesiología (AAA). Casi todos los egresados tienen trabajo y en las grandes ciudades ganan muy bien. Por la diferencia de remuneración hay déficit de esos profesionales en las poblaciones más pequeñas.

Cerremos con algunas anécdotas…

Te cuento dos: en una clínica chica pero bastante bien puesta en un pueblo llamado Pedernales, del partido de 25 de mayo, vivía un médico catamarqueño. Con un cirujano viajábamos, sobre todo, para atender las cesáreas. Un sábado llegamos y la paciente estaba levantada. Ante nuestra pregunta de cómo se encontraba, él muy ladino y con la paz que lo caracterizaba y con una sonrisa, nos respondió: “la estoy hidratando, estamos  tomando mate”.

En un pueblo, partido de Saladillo, había un colega al que apodábamos “Tiburón” porque se abalanzaba sobre los pacientes y a manera de presa lo primero que hacía era cobrarles. Una vez, porque no le funcionaba el equipo de luz, trajo a un pueblo aledaño a una chica para un parto. La reviso y noto dos latidos en la panza, la placa demuestra que mi diagnostico era cierto y como había un chico de cabeza y el otro de cola, programamos con mi socio de por entonces una cesárea para dos horas después. Hasta aquí todo normal. Lo que marca el buen apodo de “Tiburón” que tenía el colega fue cuando me dice: “Pará Camilo, antes tengo que arreglar una cosa, yo le hice precio por una vida no por dos”.

Edición. Gabriel Negri/Tomás Malato.

 

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