Médicos de Mi Provincia. Dr. Juan Pedro Arabarco

02 de Marzo de 201815:13

Juan Pedro Arabarco (47) es médico y especialista en medicina familiar. Nació en Claraz, partido de Necochea y es socio del Círculo Médico de esta ciudad. Afirma que su deseo es cumplir con el gen familiar de la solidaridad y convertir su especialidad en una herramienta para la concreció de un mundo más equitativo.

Nos dice que su nacimiento se produjo en plena cosecha y explica que “las cosechas fueron un tema cotidiano en mi casa, debido a que mi papá trabajaba en establecimientos que acopiaban cereales. En esos lugares, una buena o mala cosecha marca el rumbo económico de todo el año. En los últimos tiempos, mi viejo manejaba un remise en Necochea, y el 8 de enero de 2014 llego a su último destino, mientras manejaba se le plantó el corazón y se fue así, sin sufrir nada, a encontrase con sus amigos de siempre”.


¿Que fue Claraz en su niñez y adolescencia?

Un lugar de disfrute. Mamá era docente en la escuela N° 16, donde yo era “el hijo de la maestra”. Tengo muchos recuerdos de aquella época, por ejemplo que en ese entonces los chicos tardábamos más en saber algunas cosas. En la planta de silos donde laburaba mi padre, a los 12 años me enteré quienes era los reyes, los muchachos me avivaron cuando les conté que les había pedido un reloj “Citizen”.

¿Entró a la secundaria más canchero?

Por supuesto. La secundaria la hice en la Escuela Agrotécnica Nº 1 de la ciudad de Lobería, que lleva el ilustre nombre del primer caído en Malvinas, el capitán de Fragata Infantería de Marina (post-mortem Cruz al Heroico Valor en Combate), Pedro Edgardo Giachino. Mi sueño era ser Veterinario. Con la vocación intacta, ingrese a la Facultad de Veterinaria de la Universidad del Centro en Tandil. A mediados del segundo año de la carrera tome la decisión de abandonar esa carrera e inscribirme en la Facultad de Medicina de la UNLP, en gran parte por la dificultad que padecía mi pueblo, de algo más de 800 habitantes, para tener un médico estable en la localidad.

En mis épocas de estudiante universitario, cuidaba y cortaba el pasto en un club de futbol infantil y hacia asados en quintas de los alrededores de La Plata.Y en verano levantaba la cosecha en el campo de la generosa familia Pagola, de Claraz, que nos dio una gran mano a mí y a mis padres para que yo pudiera hacerme de unos pesos para tirar durante año. Siempre fui el peón mejor pago, aunque no el más eficiente. Era su forma de ayudarme.

En las noches de estudio, cuando las palabras se cruzan, la anatomía se mezcla con la patología y la farmacología, exprime hasta la última gota de adrenalina y uno busca aferrarse a algo para continuar y hacerse cargo de las necesidades del prójimo, me prometía volver a mi pueblo. Era un compromiso de vida y un objetivo que me obsesionaba, y que tuvo su premio, porque durante 20 meses disfruté de la experiencia laboral más fructífera y gratificante que he vivido.

¿Por qué dejó ese lugar?

Porque había cumplido el sueño y porque sentí la imperiosa necesidad de seguir formándome. Fue así que cuando se logró conseguir un reemplazo, partí hacia Tandil nuevamente a especializarme en Medicina General. También tuve un paso muy corto por la localidad de María Ignacia, también conocida como Vela, un pueblo del interior del partido de Tandil, para terminar radicándome en forma definitiva en la mejor playa argentina, Necochea. Hace 13 años que vivo acá, casi todo ese tiempo trabajé en la Municipalidad y ejerciendo la actividad privada.

¿Cómo se compone su familia?

Luego de terminada la residencia, me casé con María Fabiana Esperatti, mi actual e incondicional compañera de vida, madre formidable de mis tres hijos, Olivia 13, Nacha 11 e Isidro 9, y forjadora de muchos de mis pequeños logros.

¿Por ejemplo?

La historia es breve pero intensa. Hace un poco más de dos años que soy médico en el Centro de Atención Primaria de la Salud (CAPS),  en el barrio San Martin de Necochea. Es un barrio periférico, atravesado por el estigma de ser uno de los barrios pesados, en donde el estado hace la vista gorda. Es frecuente observar nenes de cachetes rojos y mocos pegados que buscan en los despojos algún un juguete gastado. Un lugar ubicado al lado de los olvidos, de casas oxidadas, techos llovidos, en aquella parte de la ciudad donde se esconde la vergüenza y dignidad, donde es la desigualdad está a flor de piel, no llegan ni los colectivos, ni las cloacas, ni los gobernantes ni la equidad. Ahí en ese lugar en junio de 2016 concurrimos con parte del equipo de salud del CAPS por un caso de deserción escolar. Nos abofeteó la realidad, las casas de chapa, con piso de tierra, sin baño, con dos niños calentándose en una salamandra de fuego apagado y que se arrimaban por costumbre nomás, es que comenzó a surgir la imperiosa necesidad de dejar de observar y ponerme a mirar a los que nadie quiere ver.

Lo primero que hicimos fue convocar a unos amigos y comenzar a juntar plata para comprar leña. Cuando le contamos cuál era el destino de esa leña, el vendedor nos hizo un importantísimo descuento y nos dio ropa para llevarles. Unos amigos nos arrimaron unos kilos de leche en polvo porque la Municipalidad había cortado ese beneficio. En el mercado donde compramos la leche nos donaron unos bolsones de fideos. Así comenzó a girar esta bola de nieve.

En ese momento éramos tres vecinos y vimos que esto era solo un paliativo, que faltaba mucho, y empezamos a pensar en cambiar realidades en forma perdurable, que se extendiera más allá de lo que dura un leño en una estufa o tomar una taza de leche, y fuimos por más. Convocamos a un paciente mío que es Maestro Mayor de Obras y a un amigo que es herrero y con un ingenio prodigo comenzó nuestra ayuda y el aliento para las familias para que construyan su casa de material; dejar el rancho de chapa y pasar a vivir un poco más cómodos, con baño instalado adentro, agua de red, más frescos en verano y más calentitos en invierno.

¿Cómo se hicieron de los insumos?

Comenzamos a pedir en todos lados y a todos.Publicábamos en Facebook qué íbamos precisando, el boca a boca empezó a dar sus frutos y a fines del 2016 ya éramos 26 personas involucradas y habíamos construido una casa desde los cimientos y refaccionado otra en un 70%. A esta última le cambiamos el techo, le hicimos el baño adentro, cloacas, luz, red de agua y colocación de aberturas. Dos casas parecen poco, pero son cinco niños y tres adultos que hoy viven más confortables,más si lo pensamos en el marco de un estado ausente, en donde los Derechos Humanos están abolidos, donde existen niños en estado de vulnerabilidad extrema incapaz de desarrollarse con los beneficios de los servicios básicos esenciales, ya deja de ser poca cosa.Nosotros no hablamos de casa digna, porque la dignidad no la dan los materiales, y  tampoco estamos autorizados a definir cuál familia es digna y cuál no.

¿Y cuál es el nombre de la obra?

El nombre responde a un conocido proverbio que dice que el aleteo de una mariposa en este lado del mundo, puede ocasionar un huracán en el otro lado del planeta: efecto mariposa. Se hizo realidad el proverbio. Los esfuerzos de muchos lograron producir grandes cambios y por sobre todo permanentes en esas familias, especialmente en esos nenes.

Cuando tomó estado público nos invitaron diferentes medios gráficos y radiales que por algún allegado se enteraban que “unos locos piden para hacerle una casa a una familia que vive en un chaperío, que se yo, llámalos y fíjate….”. Esta prensa hizo que se sume más gente y nos dio la oportunidad de realizar eventos para juntar dinero e invertirlo en los sueños que sueñan los que se les dificultan cumplir el sueño de vivir más confortable. Al 31 de diciembre de 2017, sumando las dos casas de 2016, llevamos seis familias que viven en “su casa”. Son siete adultos y quince niños que están más cómodos, ya es otra cosa. Nos preguntamos, ¿falta? Sí que falta, pero son seis hogares menos de los que tenemos que preocuparnos.

Siempre alguien le encuentra algún pero a las cosas, aunque sean tan hermosas como el EFECTO MARIPOSA. ¿Son la excepción?

Para nada. Nos acusaron de incitar a la usurpación ilegal de los terrenos en donde construimos. Nuestra respuesta es que nosotros construimos en los mismos terrenos que ellos viven en sus ranchos de chapa. La condición es que por lo menos tengan una antigüedad de dos años o más en ese lugar. Si sucediera el caso que se llegara a algún problema por el terreno, nos comprometemos a ir con máquinas y tirar abajo esa casa.De esta manera, recuperamos las aberturas, los sanitarios y los escombros para cimentar un nuevo hogar en otro lado. El discurso de los terrenos es la excusa perfecta para no hacer nada y no solucionar el tema de la falta de viviendas y las usurpaciones. Nuestra idea es seguir y para este 2018 aspiramos a obtener la personería jurídica, que nos permitirá participar de diferentes concursos y presentar proyectos para conseguir financiación estatal. De todas maneras, la esencia de apelar a las donaciones no se perderá nunca. Nos hemos transformado en unos excelentes recicladores de materiales de la construcción, chapas usadas, juegos de baños, bolsas de cemento, arena, escombros, aberturas que se cambian, televisores, cocinas, todo lo recuperamos.Se ponen en contacto con nosotros y lo vamos a buscar para reacondicionarlo y ponerlo en alguna casa.

¿Tienen algún proyecto inmediato?

Uno que nos viene dando vueltas es el de reciclar bicicletas y venderlas a un precio tal que nos alcance para cubrir el reciclado, más un plus para el efecto mariposa. El valor agregado de estas bicicletas seria que son recicladas, tienen en su costo un fin solidario y cada comprador tendrá un certificado de familia solidaria y podrá seguir el destino de ese dinero por el número de serie de la bicicleta comprada.  Además, un proyecto más ambicioso es hacer ladrillos de plástico, tipo Rasti, con la misma forma de comercialización: vendo uno, dono uno.

¿Cuál es su función en efecto mariposa?

Fui palero, peón de albañil, media cuchara, carpintero, especialista en logística, el pibe de los mandados, el presidente, comunicador y médico.

¿En los momentos libres que le gusta hacer?

No ahora, pero alguna vez supe correr carreras de Mountain Bike y como soy grandote y con tendencia al sobrepeso, practico ciclismo amateur para contrarrestar los kilos de más.

Hay dos publicaciones que son algo importante en su vida

Algo no, son importantísimas. Es más, son como dos hijos. Una es “El cuerpo es un cuento”, libro de cuentos infantiles que enseñan el cuerpo humano. Son nueve cuentos cortos, ilustrados con dibujos que sirven para pintar y algunas actividades para que los chicos puedan jugar. El segundo se llama “Claraz en leyendas y ficciones”, que se compone de relatos e historias contadas en boliches de campo, un poco reales pero más ficciones, en homenaje a los 100 años de mi pueblo añorado.

¿Cómo definiría el EFECTO MARIPOSA?

“No conocemos tu pasado y el futuro nos trajo a este presente, un derecho vulnerado para nosotros es suficiente”.

César Mc Coubrey.


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