Médicos de Mi Provincia. Dra. Graciela Bavastro

03 de Marzo de 201710:43

A raíz de su obra “Costa de Quilmes” presentada en el concurso de Pintura 2016 del que participaron médicos, familiares y personal administrativo de los círculos y asociaciones médicas afiliados a FEMEBA, entrevistamos la doctora Graciela Bavastro para conocer aspectos de su vida artística y médica.

 

Graciela Bavastro nació en Tigre. Es médica anatomopatóloga. En 1970 egresó de la Universidad Nacional de Buenos Aires (UBA) y desde 1973 está inscripta en el Círculo Médico de Quilmes.

Reconoce que “la cercanía del río me hizo estar próximo a sus encantos y desbordes. Pese a mi atracción por la arqueología, la astronomía y el arte, a los 8 años y sin que tuviera alguna experiencia próxima con amigos o familiares con enfermedad terminal, imaginaba que mi futuro estaba en la medicina. Mi sueño era descubrir la cura del cáncer”.

Una vara muy alta…

Todo se fue ordenando sin programarlo. De pequeña, acompañaba a mi madre al consultorio del doctor Leoncio Arrigui (1) y eso me cambió la vida. Fue importantísimo para mi futuro profesional. Me decía que fuera ginecóloga por mis manos pequeñas. Luego, tuve la dicha de rendir ginecología antes de graduarme y él estuvo en la mesa examinadora.

¿Qué otras situaciones no programadas marcaron su camino profesional?

Mi primer trabajo fue ser ayudante de la cátedra en Histología y Embriología, bajo la dirección del profesor Eduardo De Robertis, quien hubiera merecido el Premio Nobel por describir la sinapsis neural. Fue en una de las charlas que daban los jefes a los ayudantes. El doctor Kierzembaum nos explicó en qué se basaba la citología exfoliativa y el método de Papanicolaou. Kierzenbaum fue el primero en señalar la presencia de células neoplásicas en sangre y lamentablemente fue de los primeros en emigrar al instalarse el gobierno de Onganía (presidente de facto en la Argentina, desde 1966-1970). Un triste éxodo que se acentuó en los siguientes años durante el llamado Proceso de Reorganización Nacional a partir de 1976 y que proveyó de estas mentes brillantes a los países centrales. Estas clases quedaron grabadas en mí y sería el inicio formal de lo que luego abrazaría con pasión.

 ¿Cuál era su norte?

Ya había decidido hacer investigación y recurrí a la doctora Eugenia Sacerdoti de Lustig en el Hospital Ángel Roffo. Ella me sugirió el tema para el ingreso a la carrera, pero no tuve suerte. En línea con mi idea de dedicarme a la oncología ingresé como médica ad honorem al Hospital Rivadavia en la sala de Oncología y Quimioterapia.

Buscaba referentes de alto nivel…

Efectivamente. Todos aquellos que me pudieran enseñar los secretos de la citología. Aprendí del profesor Ricardo Colillas y la doctora Fanny Mazello, pero mi búsqueda me llevó al hospital de Clínicas donde el doctor Arrigui era titular de la cátedra de Ginecología y el doctor Marcos Peluffo, estaba al frente de la sección de Citología y formaba en un curso que aceptaba solo dos profesionales por año. Peluffo fue discípulo de Guillermo Terzano, uno de los dos profesionales argentinos que estudió con George Papanicolaou. Pasó más de un año antes de ingresar, pero en ese tiempo tuve la satisfacción de incorporar los conocimientos básicos de ginecología que impartían profesionales de primera línea, muchos de los cuales hicieron trabajos fundacionales en su especialidad. 

No hay mal que por bien no venga…

Fue un tiempo que recuerdo como lo mejor que pudo ocurrirme. Me permitió conocer a profesionales de enorme estatura profesional y humana. Luego llegó el tiempo del curso y la posibilidad de ingresar a la Sociedad Argentina de Citología (SAC)  – creada en 1963 y en la que uno de los miembros fundadores Kierzembaum)-.

 ¿Cómo llega a Quilmes?

Porque el doctor Iriarte me ofreció crear el Laboratorio de Citología en el Hospital de Quilmes. Habían pasado dos años en ese centro de conocimientos y evolución continua para estar prácticamente sola. La vida me puso en la encrucijada de elegir entre ser cola de león o cabeza de ratón y yo elegí esta última y de la que no me arrepiento. Me casé en 1971 con Juan Arturo Sapia, psicólogo, médico psiquiatra y forense. Siempre vivimos en Quilmes.  Tenemos dos hijos Martin y Luciano, que superaron todo lo que deseamos para ellos. Los tres siempre me  animaron y apoyaron en todas las instancias de mi profesión.

¿Y de sus padres, que nos puede decir?

Mi padre era comerciante y fue un autodidacta en el manejo de alimentos balanceados para aves. Posteriormente lo extendería al ganado vacuno y ovino. Algunos ejemplares de diversas Cabañas fueron premiados en la Rural. Fue el primer presidente de la Cámara Argentina de Alimentos Balanceados. Él falleció hace 13 años. Mi mamá tiene actualmente 96 años.

¿De qué manera transcurrió su nueva vida?

 Comencé a promocionar la Citología en todas las especialidades desarrolladas en el Hospital y a transitar caminos que no me habían enseñado (patologías en otorrino, aparato respiratorio, exudados). Para entonces la Citología evolucionaba y requería que quienes la ejercieran fueran patólogos. El Hospital Fiorito me ofrecía más posibilidades en este aspecto. Allí permanecí 5 años para luego retirarme de la práctica hospitalaria para insertarme sólo en la privada. Comencé a realizar en mi consultorio sólo las prácticas de Citología y Colposcopia. Esta última, aprendida en la sección colposcopia del Hospital de Clínicas a cargo del doctor Miguel Ángel Tatti, quien junto a Vázquez Ferro hicieron la clasificación colposcópica con la que se manejaron los ginecólogos durante muchos años. Creo que soy algo atípico en ese sentido, pero los colegas confiaron en mi trabajo, que se fue afianzando con el tiempo.

¿La médica y el trabajo opacaron a la artista?

Llegó un tiempo en que mi necesidad por tener un acercamiento mayor con el arte, me llevó a tomar cursos y a encontrar un lugar especial con la profesora Patricia Rodríguez. Hace 8 años que pinto. Siempre con óleo. Creo que el arte siempre estuvo ligado de algún modo a la Medicina. Los grandes artistas fueron también anatomistas. En un Congreso de mi período como presidenta de la Sociedad Argentina de Citología convoqué a la artista plástica Rosa Rovira para que expusiera parte de su obra, fundamentalmente acuarelas. Al presentarla resalté la importancia del color para quienes transitamos la citología. Su arte y el nuestro se unían a través de ello, de hecho los tejidos y células forman diseños increíblemente bellos.

¿Es cierto su interés por la arqueología?


La arqueología es una asignatura pendiente. Hice cursos que me acercaron a las grandes civilizaciones y por supuesto a su arte. Sus imágenes estuvieron presentes en las charlas que fui invitada a dar en diversas ocasiones.

¿Le gusta viajar?

Me gusta. Viajé por la Argentina y bastante por Europa, Estados Unidos y Centro América.

¿Qué cosas les agradece de sus pacientes?

Su confianza, sin duda. Hay pacientes que desde hace más de 20 años se realizan conmigo el Papanicolaou. Cambiaron sus médicos, las obras sociales, pero me conminan a no jubilarme. Ahora atiendo a sus hijas. Siempre les digo que hemos crecido juntas. Sus historias de vida son conmovedoras. Agradezco su confianza. Han sido más que importantes en mi evolución como persona y profesional.

¿Para usted qué es pintar

Es una experiencia sanadora y vivificante. Es como una meditación.
 
César Mc Coubrey
Edición. Gabriel Negri/Tomás Malato
 
(1). Leoncio A. Arrighi Premio Konex 1993: Cirugía y Especialidades Quirúrgicas. Nació el 12/09/1913. Doctor en Medicina (Universidad de Buenos Aires, 1937). Fue discípulo de Bernardo Houssay y de Juan Carlos Ahumada. Fue Jefe de la primera cátedra de Ginecología, adscripto, docente libre; Profesor Adjunto y Profesor Titular en el Hospital Italiano (PK) y luego en el Hospital de Clínicas. Creía firmemente que el médico no sólo debe tratar enfermedades, sino pacientes, y los pacientes son seres humanos. En 1977 es designado Miembro de la Academia Nacional de Medicina, y fue su Presidente desde 1992 hasta 1994. En 1980 es nombrado Maestro de la Medicina. Escribió más de 300 trabajos científicos. Recibió múltiples distinciones y obtuvo dos veces el Primer Premio Nacional de Ciencias Aplicadas a la Medicina, en 1957 y en 1980. Fue declarado Doctor Honoris Causa por la Universidad de Montevideo y la Universidad Católica de Salta (1990). Falleció el 08/09/1999.
 

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